lunes, 18 de mayo de 2026

Miedo a hablar en la adolescencia / Redeangst in der Jugend

Miedo a hablar en la adolescencia

Primera escena: 

Cuando tenía 15 comencé 1° de Bachillerato en mi pueblo. Era un gran cambio, pasar de la escuela primaria a la secundaria. Pero mi tartamudez no había cambiado. De eso me di cuenta horrorizado en mi primera clase de lengua catalana. El profesor Jordi de Mas miró la lista de sus nuevos alumnos y nos decía que estaba buscando a su primer lector en voz alta. Cuando escuché aquello saltaron todas las alarmas y recé para que no pronunciara mi nombre. Pero pronunció mi nombre: "Juan Miguel Lorente González". Me quería morir. Temblando realicé la peor lectura en voz alta de mi vida. Cada palabra era un suplicio. Estaba sudando como, no sé con qué compararlo. Al final, el profesor leyó el texto para que los demás alumnos escucharan una lectura decente.

Segunda escena:

En 3° de Bachillerato, con el mismo profesor de lengua catalana, teníamos clase con él a primera hora de la mañana y yo aquél día llegué un par de minutos tarde a clase cuando la clase ya había comenzado. Me senté en mi silla y el profesor Jordi de Mas me dijo: "Lorente" y me pidió leer. Y leí fluidamente. Yo estaba asombrado. No me lo podía creer. Me sentía muy muy feliz. Por fin podía ir con la cabeza bien alta por el instituto. Qué había pasado? Lo entendí rápido: en los segundos que transcurrieron entre mi entrada en la clase y mi lectura, no me dio tiempo a generar ansiedad. Entonces comprendí que un componente muy importante de la tartamudez era la ansiedad.

Redeangst in der Jugend

Erste Szene: 

Als ich 15 war, begann ich die 10. Klasse in meinem Dorf. Es war eine große Umstellung, von der Grundschule auf die Sekundarschule zu wechseln. Aber mein Stottern hatte sich nicht verändert. Das wurde mir in meiner ersten Stunde Katalanisch mit Entsetzen bewusst. Der Lehrer Jordi de Mas schaute sich die Liste seiner neuen Schüler an und sagte uns, dass er den ersten Vorleser suche. Als ich das hörte, schlugen alle Alarmglocken an und ich betete, dass er meinen Namen nicht nennen würde. Aber er nannte meinen Namen: „Juan Miguel Lorente González“. Ich wollte im Boden verschwinden. Zitternd hielt ich die schlimmste Vorlesung meines Lebens. Jedes Wort war eine Qual. Ich schwitzte wie, ich weiß nicht, womit ich es vergleichen soll. Am Ende las der Lehrer den Text vor, damit die anderen Schüler eine anständige Vorlesung hören konnten.

Zweite Szene:

In der 12. Klasse, bei demselben Lehrer für katalanische Sprache, hatten wir gleich am Morgen Unterricht bei ihm, und an diesem Tag kam ich ein paar Minuten zu spät in die Klasse, als der Unterricht bereits begonnen hatte. Ich setzte mich auf meinen Stuhl, und der Lehrer Jordi de Mas sagte zu mir: „Lorente“ und bat mich zu lesen. Und ich las flüssig vor. Ich war erstaunt. Ich konnte es kaum glauben. Ich war überglücklich. Endlich konnte ich mit hoch erhobenem Kopf durch die Schule gehen. Was war passiert? Ich begriff es schnell: In den Sekunden, die zwischen meinem Eintreten in den Klassenraum und meiner Lesung vergingen, hatte ich keine Zeit gehabt, Angst zu entwickeln. Da wurde mir klar, dass ein sehr wichtiger Bestandteil des Stotterns die Angst war.


Clase, con el mismo profesor de lengua catalana, teníamos clases con él a primera hora de la mañana, y ese día llegué a clase unos minutos tarde cuando la clase ya había empezado.

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